961 608 511 687 716 386

Así empezó todo.

07-04-2014

Así empezó todo.

No hace tantos años se consideraba al anciano como la persona sabia a la que recurrir en caso de necesitar consejo, una costumbre inteligente, que ha durado durante siglos y...

Read more

Sigue nuestro bolg

Suscríbete para seguir todas las novedades de nuestro blog
Términos y Condiciones

Blog

El cine

El cine fue para los espectadores de la posguerra una inmensa ventana que ampliaba el horizonte, mostraba otras vidas, otros lugares posibles y llenaba de emociones que hacían desaparecer el color gris cotidiano, aunque tan sólo fuera una vez por semana: los domingos;

Prepararse para ir al cine suponía todo un ritual: había que elegir película (una sesión continua de dos o tres proyecciones o ese estreno tan esperado), quedar con los amigos a una hora, temprana a ser posible para "coger buen sitio", y comprar un cucurucho de pipas y por último llegaba el maravilloso momento en el que penetrábamos en la medio penumbra del patio de butacas con sus sillones de madera tan incómodos y cómo no, ese insoportable olor a zotal! , un desinfectante que ahuyentaba al insecto o parásito más provocador, también estaba la figura del acomodador que con su linterna, a través de los pasillos a oscuras nos conducía a los asientos libres, mientras aparecía en pantalla el implacable NO-DO, y qué recuerdos con aquellos programas de mano que nos daban a la entrada al cine con una imagen del cartel de la próxima película por un lado y un pequeño resumen del argumento por otro, tanto los programas como los carteles tenían mucha importancia, ya que en esta época no había medios de comunicación audiovisuales y la decisión final de entrar en el cine estaba motivada por estos dos elementos y la recomendación de otras personas.


Mientras duraba la proyección, se vivían unos momentos de maravillosos sueños que volvían a la cruda realidad cuando aparecía la palabra “FIN” en la pantalla. Los espectadores estaban inmersos en la escena de la película de “Casa Blanca” o en “el Halcón Maltés”, lejos quedaban los vestidos de Lauren Bacall, Verónica Lake, el atractivo perfil de Gregory Peck con el que la que la mayoría de chicas soñaban cuando volvían a casa, o las exuberantes siluetas de Kim Novack o Rita Hayworth con las que se encontraban los muchachos en sus sueños.
Las comedias americanas eran muy divertidas e intrascendentes, donde no había frases lapidarias y el amor era uno de los temas principales en contra de las películas españolas de producción nacional que estaban llenas de caras varoniles, gitanas de peineta y mantón, en definitiva, era la tradición española la que dominada en el cine.


Los cines de posguerra eran lugares lúgubres donde los novios perdían los brazos y donde los ojos censores, que todo lo querían ver, se volvían tuertos gracias a la oscuridad que precisa la proyección en público. Ir al cine, entre otras actividades, formó parte de la crónica sentimental de estas generaciones y cómo se convirtió en el "refugio ideal de los novios y lugar respetable". Había una bonita rima que bien podría resumir el sentir popular que se tenía alrededor de este sitio:

“Mi novio me lleva al cine
Y me lleva a gallinero
Y me mete por detrás,
Así no nos ve el portero”.

Para todos nosotros, el cine sigue siendo el material con que se tejen los sueños. Suponía una carga de sueño e ilusión frente a la realidad de cada día que, vista hoy, puede parecer risible pero entonces era muy dura y divertido, sí, porque el pasado visto con sentido crítico se convierte en comedia aunque aquello fuese un drama.
 

C/ Cruixidell, 2 • Urb. Torre en Conill • 46117 Bétera (Valencia)

Teléfono 687 71 63 86 / 96 160 85 11.

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información visitando nuestra Utilización de cookies.

Acepto las cookies de este sitio