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Así empezó todo.

07-04-2014

Así empezó todo.

No hace tantos años se consideraba al anciano como la persona sabia a la que recurrir en caso de necesitar consejo, una costumbre inteligente, que ha durado durante siglos y...

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Los fumadores

En 2014, en plena era de guerra contra el tabaco, echamos la vista atrás y vemos que desde los años 1920 hasta casi los 70, fumar, además de elegante, era beneficioso para la salud y estaba recomendado por famosos, médicos e incluso por papa Noel, ¿Quién podía negarse a encender un pitillo?.

Actores, médicos, y dentistas, alababan las cualidades del cigarrillo para la salud, además de ser bueno para calmar la ansiedad, bajar peso y dar energía. Prueba de ello son la cantidad de anuncios en las revistas de la época

En la posguerra  muchos fumadores, aparte de recoger colillas, secaban hojas de patatas que luego se fumaban. El tabaco fue también racionado y sólo estaba destinado a los hombres. En la cartilla de racionamiento se incluía como artículo de primera necesidad y tenía su propia tarjeta de fumador, esta tarjeta había que solicitarla en los ayuntamientos y la tenía que pedir un varón (las mujeres no podían pedirla), también había que entregar una declaración jurada de que eras fumador y un certificado de buena conducta expedido por el párroco. Fue necesaria su utilización hasta 1953.

Hace medio siglo la norma en todo el mundo era ser un adulto fumador y, de hecho, se veía con cierta sospecha a aquellos que optaban por no fumar.

Teresa nos cuenta como  muchas  mujeres hacían como si fumaban, no se tragaban el humo todo ello porque quedaba elegante y moderno, recuerda que fumaban unos cigarrillos que se llamaban “señoritas”. El cigarrillo confería sofisticación y glamour y no había muchos espacios, públicos o privados, libres de humo.

Era muy habitual comenzar a fumar cuando ibas al colegio  y así iniciarse en el consumo de tabaco para demostrar lo "hombrecito" que eras. Afortunadamente el deporte ahora ha quitado a muchos chavales del inicio en ese consumo. El tabaco que más se fumaba era el más barato, el paquete de Celtas cortos (sin filtro) valía en los años setenta 4,50 pesetas y como no todo el mundo podía comprarlo algunos pedían "la pava" al que estaba a punto de tirar la colilla para poder fumársela o rebuscaban por el suelo del pario dos o tres colillas para liarse un cigarrillo nuevo.

Tan socialmente aprobado era el consumo de tabaco que a partir de los 14 años no había que tener permiso de los padres para poder fumar y en muchas celebraciones, a los postres,  se nos regalaba un cigarro a cada uno de los colegiales

Pero en 1962 se publicó en el Reino Unido un informe donde se revelaban los daños que ocasionaba el tabaco y que marcó el comienzo de un cambio en las actitudes del ser humano ante el cigarrillo.

Aunque en esa época muy poca gente conocía o tomaba con seriedad los peligros de fumar cigarrillos. Quienes fumaban, que eran muchos, solían consumir en promedio de 20 a 25 cigarrillos cada día.

La gente sabía muy poco de la forma en que cada cigarrillo estaba acortando su vida. Fumar era algo de “clases”, tanto para hombres como mujeres, con un énfasis particular en las clases más acomodadas',

A través de las décadas la actitud ha ido cambiando y hoy en lugar de asociar al cigarrillo con la opulencia, está más asociado a las desventajas.

El tabaco, objeto cinematográfico arqueológico marca el paso del tiempo y de las modas. Si nos fijamos, antes  era muy habitual ver  fumar a los actores y actrices protagonistas de las películas más taquilleras del cine mundial, hoy, los herederos del mítico cigarrillo de Bogart son exclusivamente los malvados, los villanos, los homicidas, los drogadictos, los traficantes.

Pero pese a las restricciones en lugares públicos y a todas las campañas de información sobre los daños que ocasiona el tabaco a la salud, se sigue incrementando el consumo de tabaco, especialmente entre los más jóvenes.  Más de 960 millones de personas fuman todos los días y los españoles estamos entre los europeos que más lo hacen.

C/ Cruixidell, 2 • Urb. Torre en Conill • 46117 Bétera (Valencia)

Teléfono 687 71 63 86 / 96 160 85 11.

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